
Ranko Stefanovic
Índice
1. El día del Señor como domingo
2. El día del Señor como domingo de Pascua
3. El día del Señor como el Día del Emperador
4. El día del Señor como el sábado
5. El día del Señor como el día escatológico del Señor
Entre los expositores del libro del Apocalipsis ha existido un debate en torno al significado de la expresión «el día del Señor» en Apocalipsis 1:10. La razón principal radica en que dicha frase en griego solo aparece en el libro del Apocalipsis y en ninguna otra parte del Nuevo Testamento, la Septuaginta (LXX) ni en los escritos cristianos primitivos contemporáneos a la época en que fue redactado este libro. En segundo lugar, el contexto inmediato no proporciona indicios que permitan identificar con claridad a qué día de la semana hace referencia el texto.
Existen dos enfoques principales para interpretar esta expresión en los debates contemporáneos. La mayoría de los comentaristas sostiene que se refiere a un día literal de la semana. Aunque existe consenso entre la mayoría de que «el día del Señor» alude al domingo, el primer día de la semana, algunos proponen que se trata del domingo de Pascua, del Día del Emperador o del sábado, es decir, el séptimo día. Otros, en cambio, sostienen que «el día del Señor» es una expresión figurativa que alude al «día del Señor» escatológico.
En este estudio, revisaremos y evaluaremos estas principales propuestas, y sugeriremos una interpretación plausible de esta enigmática expresión en el contexto del Apocalipsis.
Como se ha señalado previamente, la opinión predominante tanto entre comentaristas antiguos como modernos es que la expresión «el día del Señor» se refiere al domingo, primer día de la semana.2 Quienes sustentan esta postura afirman que los escritores cristianos comenzaron a emplear este término a inicios del siglo II en referencia al domingo, en virtud de que Jesús resucitó en ese día. Es innegable que, con el transcurso del tiempo, el domingo llegó a ser conocido como «el día del Señor» (kyriakē hēmera) o, abreviadamente, «el del Señor» (kyriakē) entre los autores de habla griega, mientras que en el latín eclesiástico se le denominó dies Dominica.3
No obstante, dado que las primeras referencias explícitas al domingo como «el día del Señor» datan de casi un siglo después de la composición del Apocalipsis, estos documentos no pueden considerarse como prueba de que tal expresión se utilizara para referirse al domingo en el tiempo en que fue escrito el libro del Apocalipsis.
Los dos escritos cristianos de principios del siglo II, la Didaché y la epístola de Ignacio de Antioquía a los Magnesios, suelen considerarse como los testimonios más significativos del uso temprano de la expresión «el día del Señor» en referencia al domingo. A continuación, examinaremos ambos textos con mayor detenimiento.
La Didaché (conocida también como La enseñanza de los doce apóstoles) es un manual de instrucción cristiana primitiva, fechado entre finales del siglo I y finales del siglo II. La declaración pertinente se encuentra en el único manuscrito griego completo conservado, el Códice Hierosolimitano, que reza lo siguiente:
| Texto griego | Traducción de Lightfoot |
|---|---|
| Kata kyriakēn de kyriou synachthentes klasate arton kai eucharistēsate. . . . | «En el día propio del Señor, reuníos, partid el pan y dad gracias, [habiendo confesado primero vuestros pecados, para que vuestro sacrificio sea puro]».4 |
Debe observarse que el texto griego emplea la fórmula kata kyriakēn de kyriou («según lo del Señor del Señor») sin incluir el sustantivo «día» (hēmera), que ha sido suplido por los traductores para lograr la lectura «en el día del Señor». Sin embargo, el contexto no indica que se trate del día del Señor. La evidencia sugiere que la frase podría significar, más bien, «según la enseñanza del Señor», «según el mandamiento del Señor» o «según el camino del Señor»5.
El siguiente testimonio frecuentemente citado es la epístola A los Magnesios, atribuida a Ignacio de Antioquía (fallecido entre los años 98 y 117 d. C.). Esta carta trata, entre otros temas, las prácticas judías que provocaban tensiones dentro de las comunidades cristianas.6 Ignacio exhorta a los magnesios: «Si aún vivimos conforme a la ley judía, negamos haber recibido la gracia»7. A continuación, advierte lo siguiente:
Si, por lo tanto, quienes fueron formados en el orden antiguo de las cosas han alcanzado una nueva esperanza, ya no observando el sábado, sino viviendo conforme a lo del Señor, en el cual también nuestra vida ha renacido por medio de Él y de su muerte —a quien algunos niegan—, por cuyo misterio hemos recibido la fe, y por tanto perseveramos, para ser hallados discípulos de Jesucristo, nuestro único Maestro.8
La cláusula «ya no observando el sábado, sino viviendo conforme a lo del Señor» proviene del griego mēketi sabbatizontes alla kata kyriakēn zōntes, cuya traducción literal es «ya no sabatizando, sino viviendo según lo del Señor». Así se ha sostenido que Ignacio exhortaba a los magnesios a abandonar el sábado y a observar el día del Señor, lo cual presumiblemente sería el domingo. Sin embargo, el texto griego no dice «según el día del Señor», sino simplemente «según lo del Señor» (kata kyriakēn), sin el sustantivo hēmera.
Al igual que en el caso de la Didaché, los traductores han suplido el término «día», haciendo que la frase se lea «en el día del Señor». Diversos estudios han demostrado que la evidencia contextual indica que la expresión «según lo del Señor» debe leerse con el sustantivo «vida» (zōēn), es decir, «conforme a la vida del Señor»9. La evidencia muestra que Ignacio contrasta dos formas de vida distintas: vivir «conforme al judaísmo» versus vivir «conforme a Jesucristo» (Ign. Magn. 8.2), o bien, «conforme al cristianismo» (Ign. Magn. 10.1). El contexto sugiere que el texto debe leerse como «viviendo conforme a la vida del Señor». En consecuencia, el término «sabatizando» (sabbatizontes) probablemente no se refiere a la observancia bíblica del sábado, sino a su observancia conforme al judaísmo.10
El contexto, por tanto, demuestra que el pasaje en cuestión no plantea una controversia entre sábado y domingo. El propósito principal del argumento de Ignacio no es debatir sobre días de culto, sino exhortar a los cristianos a no seguir las prácticas del judaísmo y a observar el sábado de una manera espiritual. Esta noción armoniza con el contexto histórico. Si se puede extraer alguna conclusión de la referencia de Ignacio al «sabatizar», es que los cristianos de esa época todavía observaban el sábado. No existe evidencia concluyente de que «el día del Señor» haya sido utilizado para designar el primer día de la semana por los cristianos del siglo II temprano,11 ni tampoco de que Juan, el autor del Apocalipsis, haya empleado la expresión «el día del Señor» con referencia al domingo.
La primera evidencia concluyente del uso de esta expresión en referencia al domingo se encuentra en una obra apócrifa del siglo II tardío, El Evangelio de Pedro.12 El primer padre de la Iglesia que la empleó con tal sentido fue Clemente de Alejandría (ca. 190 d. C.).13 Es posible que, en una etapa posterior, escritores cristianos adoptaran la frase familiar «el día del Señor», originada en el Apocalipsis, y la aplicaran al domingo, primer día de la semana. No obstante, este uso posterior de la expresión kyriakē hēmera no puede considerarse como evidencia legítima que respalde tal sentido en el contexto del siglo I.
Algunos proponen que «el día del Señor» se refiere a la Pascua cristiana o domingo de resurrección, como evento anual, en lugar del domingo semanal.14 Según esta interpretación, fue en el día de la celebración anual de la resurrección cuando Juan fue arrebatado en el Espíritu para encontrarse con el Cristo resucitado. C. W. Dugmore sostiene que las fuentes más antiguas indican que las primeras menciones cristianas al «día del Señor» hacían referencia a la Pascua como conmemoración anual de la resurrección, y que su uso para el «primer día de cada semana» solo habría sido posible una vez que el domingo se convirtió en un día regular de culto entre los cristianos.15 De esta manera, tanto la observancia del domingo como su designación como kyriakē se habrían desarrollado a partir del domingo de Pascua.16
Esta interpretación ha sido ampliamente refutada mediante diversos argumentos.17 Bauckham concluye que no existe evidencia concluyente de que la Pascua haya sido denominada simplemente kyriakē,18 ni de que la observancia dominical semanal y su designación hayan derivado del festival anual de la Pascua. En su opinión, toda afirmación de que Apocalipsis 1:10 se refiere al domingo de Pascua es puramente especulativa y carece de evidencia real que la respalde.19 Aunque existen declaraciones posteriores que indican que esta expresión llegó a utilizarse para designar el domingo de Pascua —incluso en Asia Menor, donde los cristianos conmemoraban la resurrección de Jesús20 —, tales referencias datan de un período mucho más tardío (aproximadamente del final del siglo II). Por ende, no pueden invocarse como prueba del uso de esa expresión en el contexto temprano del Apocalipsis.
Algunos estudiosos sostienen que «el día del Señor» hace referencia al Día del Emperador.21 Adolf Deissmann ha demostrado que el término kyriakos estaba en uso durante el siglo I para designar aquello que pertenecía al emperador romano, quien se atribuía el título de kyrios («señor»)22. Diversas inscripciones parecen confirmar que en Egipto y Asia Menor se celebraba un día conocido como hēmera Sebastē («Día de Augusto»), dedicado a honrar el natalicio del emperador Augusto, y que data de tiempos anteriores a la era cristiana.23
Sobre la base de esta evidencia, algunos académicos han propuesto que, al menos en Asia Menor, el primer día de cada mes, o bien cierto día de la semana, era designado como el Día de Augusto o Día del Emperador. En ese contexto, cuando surgió la controversia entre «César o Cristo», es posible que la frase «el día del Señor» (o incluso el uso aislado del adjetivo «del Señor») se empleara no solo para el día de la resurrección, sino también como forma de protesta frente al culto al emperador.24
Desde el punto de vista lingüístico, resulta difícil establecer una conexión entre las expresiones kyriakē hēmera («día del Señor») y Sebastē («Día de Augusto»). Ambas frases son completamente distintas en su forma y contenido, y no se ha hallado evidencia concluyente que indique que la expresión kyriakē hēmera haya sido utilizada para designar el día consagrado al emperador.
Otra posibilidad es que «el día del Señor» haga referencia al sábado, el séptimo día de la semana. Esta interpretación refleja una sólida tradición exegética entre los adventistas del séptimo día.25 Aunque la expresión kyriakē hēmera no se encuentra ni en la LXX ni en ninguna otra parte del Nuevo Testamento, el sábado es identificado como «el séptimo día es reposo para el Señor tu Dios» en el cuarto mandamiento del Decálogo (Éxo. 20:10, LXX). Asimismo, se le denomina «tu sábado» (Neh. 9:14) y «mis sábados» en dieciséis ocasiones en la Escritura; ambas fórmulas aluden al sábado como día del Señor/Dios. En Isaías 58:13, se lo llama «mi día santo» y «el santo día del Señor», y en los tres evangelios sinópticos Jesús declara: «el Hijo del Hombre es Señor del sábado» (Mat. 12:8; Mar. 2:27-28; Luc. 6:5).
Por tanto, es plausible que los cristianos en Asia entendieran sin dificultad que la expresión «el día del Señor» aludía al sábado, día en que Juan recibió su visión. Para recurrir al argumento de Paul K. Jewett, del mismo modo en que el título Señor (kyrios) se aplica a Cristo como expresión de la convicción de que Él es el verdadero Señor, la frase kyriakē hēmera («el día del Señor») pudo haberse adoptado por la convicción de que ese día le pertenecía a Él.26 En la tradición hebrea y cristiana, solo un día es designado como «del Señor». Esta afirmación se ve reforzada por el hecho de que el Nuevo Testamento no registra ninguna indicación de un cambio del sábado, séptimo día, al domingo. El sábado seguía siendo respetado en el NT (cf. Luc. 23:54-56; Heb. 4:4-11).
A partir de los testimonios bíblicos que señalan explícitamente al sábado como el día del Señor —y de fuentes patrísticas anteriores al Concilio de Nicea, que indican que los cristianos, especialmente en Asia Menor, seguían observando el sábado en la época en que se escribió el Apocalipsis—, puede sostenerse que habría sido sumamente extraño que Juan hubiese empleado la expresión «el día del Señor» para designar otro día distinto al sábado. Esta observación es respaldada por J. Massynberde Ford, quien, si bien se inclina por la interpretación pascual de Apocalipsis 1:10, reconoce con franqueza: «Lo más probable es que los cristianos aún estuvieran guardando el sábado, el séptimo día [cuando se escribió el Apocalipsis]».27
La interpretación final sostiene que la expresión «el día del Señor» en Apocalipsis 1:10 no alude a un día literal de la semana, sino al día escatológico del Señor.28 Según esta perspectiva, el revelador fue arrebatado en visión para presenciar los acontecimientos que conducirían al día escatológico del Señor, los cuales se le manifestaron en el contexto de su visión profética. En la Escritura, el día del Señor es un tiempo señalado en el que Dios intervendrá de manera decisiva en los asuntos del mundo al final de los tiempos. La expresión «el día del Señor» (hēmera kyriou) se emplea de forma consistente en la Septuaginta (Joel 2:11, 31; Amós 5:18-20; Sof. 1:14; Mal. 4:5), así como en el Nuevo Testamento (Hech. 2:20; 1 Tes. 5:2; 2 Pe. 3:10), en clara referencia al eschaton.
Adolf Deissmann concluye que, en Apocalipsis 1:10, tanto la gramática como el contexto favorecen la interpretación de «el día del Señor» como el día del juicio escatológico mencionado en la LXX bajo la forma («el día del Señor»).29
El principal argumento en contra de esta interpretación es que Juan no utiliza la expresión tradicional del Antiguo Testamento «el día del Señor» (hēmera [tou] kyriou) en Apocalipsis 1:10, sino que emplea la forma adjetiva kyriakē hēmera («el día del Señor»). No obstante, puede argumentarse que Juan simplemente reconfiguró la terminología familiar del AT.30 El uso del adjetivo kyriakē en griego, en lugar del genitivo kyriou, no altera sustancialmente el significado de la expresión. Por ejemplo, «la cena del Señor» (kyriakon deipnon) en 1 Corintios 11:20 es sinónima de «la mesa del Señor» (trapeza kyriou) en 1 Corintios 10:21.31
La distinción entre ambas construcciones radica únicamente en el énfasis. Cuando se quiere enfatizar el sujeto —el Señor—, se emplea el genitivo; cuando se desea resaltar el objeto —en este caso, el día—, se usa el adjetivo calificativo.32 Esta diferencia explicaría por qué Juan eligió la expresión «el día del Señor» en su forma adjetiva, y no la fórmula clásica «el día de [el] Señor». Es posible que lo hiciera con fines retóricos, para subrayar que fue transportado en visión al contexto de la parusía y de los acontecimientos que la preceden.
Es, pues, plausible que en Apocalipsis 1:10, la expresión «el día del Señor» constituya una más entre las diversas designaciones del día de la parusía, tales como «el día del Señor» (1 Tes. 5:2; 2 Pe. 3:10), «el día de nuestro Señor Jesucristo» (1 Cor. 1:8; 2 Cor. 1:14), «el gran día» (Jud. 6), «el gran día de su ira» (Apoc. 6:17), y «el gran día de Dios» (Apoc. 16:14). Incluso el mismo Jesús se refiere a la fecha de su venida como «su día» (Luc. 17:24). La variedad de expresiones empleadas en la Escritura para referirse a la venida de Cristo demuestra que este evento culminante no está restringido a una única fórmula verbal. En este sentido, la expresión «el día del Señor» podría ser una de las tantas maneras en que la Biblia se refiere al advenimiento final de Cristo.33
Así, Juan habría sido llevado por el Espíritu al ámbito del día escatológico del Señor, para contemplar los eventos históricos que desembocan en la Segunda Venida y en el tiempo del fin. Cuando el Espíritu lo arrebató en visión para observar lo porvenir, Juan ya experimentaba la inminencia del fin. Esta inminencia confería urgencia al mensaje que debía comunicar a sus correligionarios (cf. Apoc. 1:3; 22:7, 12, 20). Él, junto con las iglesias a las que dirigía su mensaje, vivía ya el «día del Señor» escatológico como una realidad presente.
Con base en la evidencia disponible, la interpretación de la expresión «el día del Señor» como una referencia al domingo «no se sustenta en los datos proporcionados por las Escrituras, sino en el uso posapostólico de dicha frase, bastante posterior al tiempo de Juan».34 No se ha hallado evidencia en los escritos patrísticos del final del siglo I ni del inicio del siglo II que indique que la expresión «el día del Señor» se empleara para designar el domingo semanal o el domingo de Pascua. La interpretación del Día del Emperador tampoco cuenta con respaldo documental confiable. La evidencia bíblica e histórica más sustancial favorece la identificación del sábado, el séptimo día, como el día en cuestión. No obstante, el carácter escatológico del libro del Apocalipsis también da fundamento a la interpretación que relaciona esta expresión con el «día del Señor» escatológico.
La singularidad de la expresión «el día del Señor», empleada en Apocalipsis 1:10, parece señalar un día específico de la semana: el sábado. A la vez, la mención de que el Espíritu arrebató a Juan en ese día para mostrarle los eventos futuros sugiere que este fue transportado al contexto del día escatológico del Señor. Esta doble dimensión apunta al significado escatológico del sábado en el Apocalipsis y concuerda con su connotación escatológica tanto en las Escrituras hebreas como en la tradición judía.35
En la tradición hebrea, el sábado funciona como señal de liberación (cf. Deut. 5:15; Ezeq. 20:10-12).36 Es, al mismo tiempo, «el clímax del tiempo primordial y el paradigma del tiempo venidero».37 The Universal Jewish Encyclopedia afirma que el sábado se convirtió en memorial del éxodo, «presentando, a modo de contrapunto a la liberación lograda en el pasado, una imagen de la redención esperada en el futuro».38 Es significativo que dos pasajes del libro de Isaías que hacen referencia al sábado estén asociados con el tiempo escatológico (Isa. 58:13-14; 66:23).
Este mismo concepto se halla también en la literatura judía extrabíblica. Aunque escrita en el período posterior al Nuevo Testamento, se reconoce que estas fuentes reflejan una tradición anterior, que se remonta en buena parte al siglo I.39 Dichos escritos dan testimonio del significado escatológico del sábado en el judaísmo del primer siglo. Por ejemplo, en la obra apocalíptica judía del siglo I d. C., La vida de Adán y Eva, se afirma que «el séptimo día es señal de la resurrección, del descanso del siglo venidero, y en el séptimo día el Señor descansó de todas sus obras».40 Según la Mishná, el Salmo 92, que los levitas entonaban en el templo durante el sábado, es «un salmo, un cántico para el tiempo venidero, para el día que será todo sábado y descanso en la vida eterna».41 Theodore Friedman sostiene que muchas expresiones en la literatura talmúdica reflejan que «el sábado es anticipación, anticipo y paradigma de la vida en el mundo venidero. La abundancia de tales afirmaciones es la prueba más contundente de cuán profundamente arraigada y extendida estaba esta noción en el período rabínico temprano».42
La situación personal del revelador en la isla de Patmos, así como la de las iglesias a las que dirigía su mensaje (cf. Apoc. 2–3), confería al sábado un profundo significado como prefiguración de la realidad futura de la venida gloriosa de Cristo. En el contexto de su experiencia en Patmos, y en medio de la visión que recibió en el sábado, fue arrebatado por el Espíritu al ámbito del día escatológico del Señor para observar los eventos históricos que desembocarían en la Segunda Venida y en el tiempo del fin. Fue este encuentro extraordinario con el Cristo resucitado en visión, junto con la inminencia de su regreso glorioso (cf. Apoc. 1:7), lo que convirtió el sábado, para Juan, en un anticipo del descanso escatológico que compartiría con los fieles de todas las edades (cf. Apoc. 21–22).
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1Las abreviaturas utilizadas en este artículo se basan en la lista publicada en The SBL Handbook of Style: For Biblical Studies and Related Disciplines, 2ª ed. (Atlanta: SBL Press, 2014), 117-260.
2Véase Wilfrid Stott, «A Note on the Word kyriakē in Rev. 1:10», NTS 12 (1965): 70-75; David E. Aune, Revelation 1–5, WBC 52a (Waco: Word, 1997), 83-84; G. K. Beale, The Book of Revelation, NIGTC (Grand Rapids: Eerdmans, 1998), 203; Grant R. Osborne, Revelation, BECNT (Grand Rapids: Baker Books, 2002), 83; Craig R. Koester, Revelation: A New Translation with Introduction and Commentary, AB 38A (New Haven: Yale University Press, 2014), 243, 251; Thomas R. Schreiner, Revelation, BECNT (Grand Rapids: Baker Books, 2023), 98-99.
3Walter F. Specht, «Sunday in the New Testament», en The Sabbath in Scripture and History, ed. Kenneth A. Strand (Washington: Review and Herald, 1982), 126.
4Didaché 14.1.3, en The Apostolic Fathers: Greek Text and English Translations of Their Writings, trad. J. B. Lightfoot y J. R. Harmer, ed. Michael W. Holmes, 3.ª ed. (Grand Rapids: Baker, 2007), 364-365.
5Véase Samuele Bacchiocchi, From Sabbath to Sunday: A Historical Investigation of the Rise of Sunday Observance in Early Christianity (Roma: The Pontifical Gregorian University Press, 1977), 114, nota 73; Kenneth A. Strand, «The “Lord’s Day” in the Second Century», en The Sabbath in Scripture and History (Washington: Review and Herald, 1982), 346, 351, nota 16.
6Epístola de Ignacio a los Magnesios (Ign. Magn.), x (ANF 1:63).
7Ign. Magn. viii (ANF 1:62); véase también Ign. Magn. 10.3.
8Ign. Magn. ix (ANF 1:62).
9Véase Fritz Guy, «“The Lord’s Day” in the Letter of Ignatius to the Magnesians», AUSS 2 (1964): 2-17; véase también Lewis, «Ignatius and Lord’s Day», AUSS 6.1 (1968): 46-59.
10Lewis, «Ignatius and Lord’s Day», 50-51; véase también Bauckham, «The Lord’s Day», 229.
11Joseph Seiss enfatiza que «ninguno de los escritos cristianos durante cien años después de Cristo llama [al domingo] “el día del Señor”» (The Apocalypse [Nueva York: Charles C. Cook, 1906], 1:20).
12Véase El Evangelio de Pedro 9.12.50 en Wilhelm Schneemelcher, ed., New Testament Apocrypha, 2ª ed. (Louisville: Westminster John Knox, 1991), 1:224.
13Clemente de Alejandría, Stromata 14 (ANF 2:469).
14Cf. Strobel, “Die Passah-Erwartung,” 185; C. W. Dugmore, “The Lord’s Day and Easter,” en Neotestamentica et Patristica in honorem sexagenarii O. Cullmann, NovTSup 6 (Leiden: Brill, 1962), 272-281; J. Massynberde Ford, Revelation, AB 38 (Nueva York: Doubleday, 1975), 384; Kenneth A. Strand, «Another Look at “Lord’s Day” in the Early Church and in Rev. 1:10», NTS 13 (1966): 174-181.
15Dugmore, «The Lord’s Day», 279. El autor argumenta que Did. 14:1, interpretado a la luz del documento del siglo IV Apostolic Constitutions 7.30, proporciona un respaldo explícito al uso de kyriakē hēmera como término técnico para el domingo de Pascua (275-279); esta tesis ha sido refutada en Bacchiocchi, From Sabbath to Sunday, 118-121.
16Véase Lawrence T. Geraty, «The Pascha and the Origin of Sunday Observance», AUSS 3 (1965): 85-96.
17La interpretación del domingo de Pascua ha sido refutada por Strand, «Another Look at “Lord’s Day”», 175-181.
18Bauckham, «The Lord’s Day», 231. No obstante, omite considerar que los Fragmentos de los escritos perdidos de Ireneo 7, datados hacia el año 170 d. C., se refieren al domingo de Pascua como kyriakē (ANF 1:569-570).
19Ibid., 231.
20Cf. Ireneo, Fragmentos de los escritos perdidos de Ireneo 7 (ANF 1:569-570).
21Cf. Adolf Deissmann, Light from the Ancient East, 2ª ed. (Grand Rapids: Baker, 1965), 357; James Moffatt, The Revelation of St. John the Divine, EGT (Grand Rapids: Eerdmans, 1961), 342; Robert H. Charles, Critical and Exegetical Commentary on the Revelation of St. John, ICC (Edimburgo: T&T Clark, 1920), 23; Ernst Lohmeyer, Die Offenbarung des Johannes, HNT 16 (Tübingen: Mohr, 1926), 15.
22Véase Deissmann, Light from the Ancient East, 357-358; véase también J. H. Moulton y G. Milligan, Vocabulary of the Greek Testament (Peabody: Hendrickson, 1997), 364.
23Véase Moulton y Milligan, Vocabulary of the Greek Testament, 358-361.
24Véase Charles, Critical and Exegetical Commentary, 13; cf. Deissmann, Light from the Ancient East, 359.
25Comentario bíblico adventista del séptimo día, ed. F. D. Nichol, 2.ª ed. (Washington: Review and Herald, 1962–2000), 7:735-736; Strand, «Another Look at “Lord’s Day”» 180; Specht, «Sunday in the New Testament», 127; Desmond Ford, Crisis! A Commentary on the Book of Revelation, 2 vols. (Newcastle: Desmond Ford, 1982), 2:250-251.
26Véase Paul K. Jewett, The Lord’s Day (Grand Rapids: Eerdmans, 1971), 58-59, aunque el autor sostiene que el domingo es el día del Señor.
27J. Ford, Revelation, 384. C. W. Dugmore admite que, «como hecho histórico, el sábado no desapareció como día de adoración cristiana sino hasta finales del siglo IV o comienzos del V» («Lord’s Day and Easter», 279).
28Esto incluye a J. Jacobus Wettstein, Novum Testamentum Graecum (Graz, Austria: Akademische Druck- u. Verlagsanstalt, 1962), 2:750; William Milligan, The Book of Revelation, EB (Cincinnati: Jennings & Graham, 1889), 13; Seiss, The Apocalypse, 1:20-21; Fenton Hort, The Apocalypse of St. John (Londres: Macmillan, 1908), 15; Deissmann, Light from the Ancient East, 357, n. 2; Louis T. Talbot, The Revelation of Jesus Christ, 2ª ed. (Grand Rapids: Eerdmans, 1937), 19; Scott, Exposition, 36; Bacchiocchi, From Sabbath to Sunday, 123-131.
29Adolf Deissmann, «Lord’s Day», en Encyclopedia Biblica, 2815.
30Oscar Cullmann sugiere que «la expresión cristiana hēmera tou kyriou o kyriakē hēmera... es la traducción griega de yom Yahweh» (Early Christian Worship [Londres: SCM, 1966], 92).
31Agradezco a Foerster por esta información («kyrios, et al,» TDNT 3:1096). Wilfrid Stott demuestra cómo Orígenes utiliza el adjetivo kyriakē en referencia al día final de la resurrección y del juicio («A Note on kyriakē» 71).
32Esta observación ha sido correctamente señalada en Bullinger, The Apocalypse, 12.
33Véase Bacchiocchi, From Sabbath to Sunday, 127-128.
34Specht, «Sunday in the New Testament», 127.
35Véase Theodore Friedman, «The Sabbath: Anticipation of Redemption» Judaism 16.4 (1967): 447; Robert M. Johnston, «The Rabbinic Sabbath», en The Sabbath in Scripture and History, 73; Samuele Bacchiocchi, «Sabbatical Typologies of Messianic Redemption», JSJ 17.2 (1986): 153-176.
36Véase Bacchiocchi, «Sabbatical Typologies», 165-166.
37Friedman, «The Sabbath», 447.
38Max Joseph, «Sabbath», en The Universal Jewish Encyclopedia, ed. Isaac Landman, 10 vols. (Nueva York: Ktav, 1969), 9:295-296.
39Véase Hyam Maccoby, Early Rabbinic Writings, Cambridge Commentaries on Writings of the Jewish and Christian World: 200 BC to AD 200 (Nueva York: Cambridge University Press, 1988), 1-30.
40La vida de Adán y Eva 51:2, en The Old Testament Pseudepigrapha, ed. James H. Charlesworth (Garden City, KS: Doubleday, 1983), 294.
41m. Tamid 7:4 (La Mishná, trad. Herbert Danby [Londres: Oxford University Press, 1933], 589).
42Friedman, «The Sabbath», 443.